• El Dr. Peinado da unas recomendaciones a los jugadores de cara al Mundial: “En el rendimiento deportivo siguen siendo determinantes el entrenamiento adecuado, la recuperación, la nutrición, el sueño y la preparación mental”.
  • “La idea clásica de prohibir el sexo antes de competir ha sido muy repetida, pero nunca ha estado especialmente bien demostrada”.
  • “La medicina deportiva clásica siempre ha tenido razón en algo: antes de competir importan los hábitos, no las supersticiones”. 

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Madrid, 29 mayo de 2026.- La idea de evitar las relaciones sexuales antes de una competición deportiva es una creencia muy extendida en el ámbito del deporte. Sin embargo, más allá del impacto mediático o cultural, la pregunta realmente relevante es hasta qué punto esta práctica tiene una base científica sólida, o está guiada por la tradición, la superstición o la ‘cultura de vestuario’.

Diversos análisis recientes, comenta el doctor François Peinado, cirujano urólogo especialista en cirugía reconstructiva de pene, enfermedad de Peyronie y medicina sexual, sugieren que la abstinencia sexual previa a competir podría “no tener un efecto significativo sobre el rendimiento deportivo”. De hecho, en algunos casos, añade el experto. podría resultar irrelevante o incluso contraproducente si genera ansiedad, altera el descanso o modifica negativamente la rutina del atleta.

Según el doctor Peinado, en la preparación deportiva influyen de forma mucho más determinante factores como la calidad del sueño; la nutrición y la hidratación; la carga de entrenamiento y la recuperación; el nivel de estrés y el estado psicológico y la concentración. “En comparación con estos elementos, la actividad sexual parece desempeñar un papel secundario en la mayoría de los deportistas”, asevera.

Origen histórico de la abstinencia deportiva

La creencia de que la continencia sexual mejora la fuerza, la agresividad o la “energía vital” se remonta a la antigua Grecia y Roma. Estas ideas se han mantenido durante siglos dentro de la cultura deportiva, muchas veces sin una confirmación fisiológica clara.

“Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Physiology en 2016 analizó la evidencia disponible y concluyó que mantener relaciones sexuales el día previo a una competición no parece tener un impacto negativo relevante sobre el rendimiento. No obstante, los autores señalaron también una limitación importante: la calidad metodológica de muchos estudios es baja y se necesitan investigaciones mejor diseñadas. Es decir, la idea clásica de prohibir el sexo antes de competir ha sido muy repetida, pero nunca ha estado especialmente bien demostrada”. 

Estudios recientes

El doctor Peinado recoge otros estudios más recientes y cita una revisión sistemática con metaanálisis publicada en Scientific Reports en 2022, mediante la cual se aportaron “datos más consistentes”. “Al agrupar los estudios disponibles, los autores observaron que la actividad sexual realizada entre 30 minutos y 24 horas antes del ejercicio: no modificó de forma significativa la capacidad aeróbica, no afectó de manera relevante a la resistencia muscular y no produjo cambios medibles en fuerza o potencia. El efecto global fue considerado neutro”, concluye el experto, quien recalca: “Este trabajo es importante porque intenta sintetizar de forma cuantitativa una literatura dispersa y, aunque reconoce heterogeneidad y cierto riesgo de sesgo, su mensaje central es bastante robusto: ni la abstinencia parece conferir una ventaja clara ni la actividad sexual supone, en términos generales, una desventaja medible”.

“También existen estudios experimentales que apuntan en la misma dirección. Un trabajo publicado en 2019 evaluó a varones jóvenes y no encontró alteraciones en seis pruebas de rendimiento físico cuando la actividad sexual se producía dentro de las 24 horas previas. Más recientemente, el estudio de Fernández-Lázaro y colegas, publicado en Physiology & Behavior en 2026, evaluó a 21 atletas varones entrenados en un diseño cruzado aleatorizado y comparó masturbación con orgasmo 30 minutos antes del ejercicio frente a abstinencia. Los resultados mostraron que lejos de empeorar el rendimiento, la condición post-orgásmica se asoció a un ligero aumento de la duración del ejercicio, una pequeña mejora en la fuerza de prensión y ausencia de cambios perjudiciales en marcadores inflamatorios o de daño muscular. Los autores interpretaron estos hallazgos como una activación hormonal y simpática transitoria, sin deterioro del rendimiento”, añade. 

Ni abstinencia obligatoria ni ‘estrategia ergogénica’

El doctor Peinado afirma que “es importante no sustituir un mito por otro”. A su juicio, la evidencia actual tampoco permite afirmar que la actividad sexual sea una herramienta para mejorar el rendimiento deportivo. Los estudios disponibles presentan limitaciones relevantes y enumera: muestras pequeñas, participantes jóvenes y muy entrenados, condiciones experimentales muy específicas, evaluación de formas concretas de actividad sexual, evaluación de deportes o contextos deportivos concretos y resultados modestos y de corta duración.   Por ello, “es imprudente convertir un hallazgo puntual en una receta universal”, sostiene el doctor Peinado.

Con todo, el experto considera que hay otro aspecto más relevante que el rendimiento ‘puro’: la psicología del deportista. En este punto cita un estudio de 2023 en atletas ‘amateurs’ mediante el que se mostró que el tema sigue generando preocupación y creencias firmes, con una parte importante de los deportistas pensando que la actividad sexual puede afectarles antes de competir. “Esto puede traducirse en efectos psicológicos reales. Si un deportista vive la abstinencia como parte de su ritual y le da seguridad, romper ese ritual puede generarle ansiedad. Y a la inversa, si la abstinencia le produce irritabilidad, mal descanso o tensión, imponerla puede ser contraproducente. En estos casos, el rendimiento puede depender menos del acto sexual en sí y más de su significado dentro de la preparación mental del deportista”, declara el doctor Peinado..

La evidencia sugiere que los posibles efectos negativos no suelen estar relacionados con la actividad sexual en sí, sino con conductas que pueden acompañarla, como: dormir menos horas, trasnochar, consumir alcohol, alterar la rutina previa a la competición y  deshidratación o fatiga. “Ese es el punto práctico más sensato. Si la actividad sexual forma parte de una noche caótica, con privación de sueño, deshidratación o resaca, claro que puede afectar al rendimiento. En este contexto, el factor clave no sería el sexo, sino la higiene del descanso y la recuperación”, explica.

Y en este punto, sostiene: “La medicina deportiva clásica siempre ha tenido razón en algo: antes de competir importan los hábitos, no las supersticiones”. 

Así, se plantea: “Si uno intenta responder con honestidad a la pregunta de si conviene o no la abstinencia sexual antes de competir, la respuesta más científica probablemente sea bastante menos espectacular de lo que muchos esperan. Desde una perspectiva científica, la abstinencia sexual antes de competir no parece tener una relevancia decisiva en la mayoría de los casos. Tampoco existe evidencia sólida de que la actividad sexual previa empeore de forma significativa el rendimiento. Lo más razonable es adoptar un enfoque individualizado, teniendo en cuenta: horarios y calidad del descanso, tipo de deporte y exigencia competitiva, preferencias personales y respuesta psicológica del deportista”.

“En mi opinión como médico, convertir esto en una regla general es absurdo. En el rendimiento deportivo siguen siendo determinantes el entrenamiento adecuado, la recuperación, la nutrición, el sueño y la preparación mental. Lo demás, en comparación, es casi siempre secundario”, concluye el doctor Peinado.