La presencia de un bulto palpable en el pene acompañado de dolor, especialmente durante las erecciones, es un motivo de consulta frecuente en Urología. En la mayoría de los casos corresponde a la Enfermedad de Peyronie, una patología benigna pero potencialmente progresiva caracterizada por la formación de una placa de fibrosis en la túnica albugínea, que puede generar curvatura, deformidad y disfunción eréctil.
¿Qué establece la evidencia científica actualmente sobre la evolución de la Enfermedad de Peyronie, sus riesgos y su tratamiento? El doctor François Peinado, cirujano urólogo especialista en cirugía reconstructiva de pene, enfermedad de Peyronie y medicina sexual, explica, en primer lugar, acerca del bulto que aparece y por qué causa dolor. “El bulto que se palpa corresponde a una placa fibrótica, formada por tejido inelástico. La aparición de esta placa se relaciona con un proceso de cicatrización anormal, y a menudo tiene su origen en microtraumatismos repetidos durante la actividad sexual, en individuos con posible predisposición genética. El dolor peneano es un síntoma típico de la fase inicial de la Enfermedad de Peyronie y suele ser más frecuente en pacientes jóvenes”.
Evolución natural y fases
La evolución natural se divide en dos fases:
- Fase activa o inflamatoria. Periodo caracterizado por dolor, especialmente durante la erección, progresión de la curvatura o aparición de otras anomalías y cambios en el tamaño y consistencia de la placa. Su duración habitual es de 12 a 18 meses desde el inicio de los síntomas, aunque puede prolongarse más en algunos casos. El dolor peneano se asocia fuertemente con la fase activa de la enfermedad, siendo más reportado por pacientes jóvenes.
- Fase estable o crónica. Esta fase se alcanza cuando el dolor generalmente desaparece y la placa de fibrosis se estabiliza, dejando una curvatura o deformidad persistente y potencial acortamiento del pene.
“Durante la fase activa, la progresión de la deformidad es lo más frecuente”, relata el experto, quien recalca que respecto al dolor durante la erección, la experiencia clínica indica que suele desaparecer espontáneamente a menudo dentro de los 12–18 meses, sin importar si el paciente recibe o no tratamiento. Pero añade: “Sin embargo, la desaparición del dolor no implica curación, ya que la placa subyacente permanece”.
“En la fase activa de la enfermedad, es común la progresión de la deformidad (la curvatura y el bulto). El mito clásico de que “un tercio mejora espontáneamente” está hoy descartado. Los estudios actuales muestran que la mejoría espontánea no es frecuente y que el Peyronie debe considerarse una enfermedad progresiva en la mayoría de los hombres. Por este motivo, las unidades especializadas recomiendan intervenir precozmente para frenar la evolución y evitar deformidades severas difíciles de corregir. Si la enfermedad se deja sin tratamiento durante la fase activa, la curvatura que se desarrolla es probablemente la que permanecerá.
¿Puede curarse solo?
El Peyronie es un trastorno que puede ser física y psicológicamente devastador. Los síntomas incluyen la deformidad, el dolor y la disfunción eréctil, pero también provocan un estado de ansiedad y depresión. Se ha encontrado una alta prevalencia de «ansiedad significativa» en pacientes en fase activa.
El impacto psicológico puede ser tan severo como el impacto físico, y la depresión y la angustia en la pareja tienden a empeorar con el tiempo en lugar de resolverse, lo que subraya la importancia de la salud mental y el manejo de expectativas.
“La remisión espontánea de la Enfermedad de Peyronie es poco frecuente. Sólo alrededor del 10% de los hombres experimentan una resolución espontánea de la condición. En el pasado, la estrategia de ‘esperar y observar’ en la fase inflamatoria era común, pero esto se considera un grave error hoy en día, porque: permite que la placa siga creciendo, la curvatura suele consolidarse y volverse permanente y se pierde la oportunidad de frenar la progresión en su fase más tratable”, describe el Dr. Peinado.
Con todo, “la intervención temprana en la fase activa, es la recomendación actual basada en evidencia, para controlar los síntomas y detener el avance”, concluye el especialista.