• Jaime Trilla, naturópata, acupuntor y presidente de Cofenat en Aragón, recuerda que «el hueso no es simplemente un depósito de calcio» y que mantener la salud ósea requiere cuidar la alimentación, el movimiento y los hábitos de vida.
  • La Naturopatía puede acompañar este cuidado mediante medidas nutricionales y de estilo de vida, mientras que la Acupuntura tiene un papel complementario y no debe presentarse como capaz de reconstruir por sí sola el hueso perdido.

Madrid, 15 de octubre de 2026.- El cuidado de los huesos a partir de los 40 años en general, puede haber una mayor pérdida de masa ósea y requiere algo más que tomar calcio. Así lo explica Jaime Trilla, naturópata, acupuntor y presidente de la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (Cofenat) en Aragón, ante el Día Mundial de la Osteoporosis, que se celebra el próximo 20 de octubre. El experto recuerda que el hueso es un tejido vivo que se construye, se destruye y se renueva continuamente, y que, a partir de esta edad, el equilibrio entre formación y pérdida ósea empieza a cambiar.

«El calcio es necesario, pero necesita ‘aliados’», señala Trilla. Este mineral aporta un componente fundamental de la estructura ósea, pero tomar más no significa necesariamente que se incorpore más al hueso. La vitamina D facilita su absorción intestinal y participa en la regulación del metabolismo óseo, mientras que las proteínas aportan los aminoácidos necesarios para mantener la matriz orgánica del hueso, formada principalmente por colágeno. También contribuyen a conservar la masa muscular, que protege indirectamente al tejido óseo.

Otros nutrientes intervienen en este proceso. La vitamina K y en particular la K2 participa en la activación de proteínas relacionadas con la implicación en el metabolismo y la mineralización ósea; el magnesio, en reacciones vinculadas al metabolismo de la vitamina D y la formación y la salud del tejido óseo; y el fósforo forma parte, junto al calcio, de su estructura mineral. El zinc, el cobre y el manganeso participan en la formación y el mantenimiento de la matriz ósea y del tejido conjuntivo, mientras que la vitamina C es necesaria para la síntesis normal de colágeno.

Fuerza, movimiento y exposición solar prudente

El ejercicio constituye otro pilar del cuidado de los huesos. Cuando el esqueleto recibe una carga mecánica adecuada, las células óseas detectan ese estímulo y se favorecen los procesos de mantenimiento y formación ósea. Por eso, Trilla destaca los ejercicios de fuerza y resistencia, caminar a buen ritmo, subir escaleras y las actividades en las que el cuerpo soporta su propio peso, junto con el trabajo de equilibrio.

«No hace falta levantar grandes pesos», subraya. Lo importante es mantener la regularidad y una progresión adaptada a la edad, la condición física y los posibles problemas articulares. Conservar el músculo también resulta fundamental. De ahí que una mayor fuerza y un mejor equilibrio contribuyan a reducir el riesgo de caídas y, por tanto, de fracturas. Este cuidado cobra relevancia ante la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular asociada especialmente al envejecimiento.

Respecto al sol, Trilla distingue entre exposición solar y vitamina D. La radiación UVB permite que la piel sintetice esta vitamina, pero «más sol no significa más vitamina D indefinidamente». La producción cutánea tiene límites y una exposición excesiva aumenta el daño acumulativo de la piel. Por ello, plantea una exposición prudente que tenga en cuenta la estación, la latitud, la hora del día, el tipo de piel y la edad, entre otros factores. Cuando resulta insuficiente, la vitamina D puede obtenerse también mediante la alimentación y, cuando esté indicado, la suplementación.

El tabaco perjudica el metabolismo óseo y se asocia con un mayor riesgo de fractura. El exceso de alcohol puede interferir con la formación ósea y aumentar el riesgo de caídas, mientras que el sedentarismo elimina uno de los principales estímulos mecánicos que recibe el hueso. También pueden perjudicar este cuidado las dietas muy restrictivas o insuficientes, especialmente cuando aportan pocas proteínas, energía, calcio o micronutrientes, y el exceso de ultraprocesados en detrimento de alimentos nutritivos. El bajo peso corporal mantenido puede asociarse con menor masa ósea y muscular. Dormir mal tampoco ayuda a conservar la masa muscular y un metabolismo saludable, aunque su relación con el hueso es menos directa que la del tabaco, el alcohol, la nutrición y el ejercicio.

Naturopatía y Acupuntura: acompañamiento 

Desde la Naturopatía, el cuidado puede centrarse en una alimentación suficiente y variada que asegure proteínas, calcio, vitamina D, magnesio, vitamina K y otros micronutrientes. Trilla propone favorecer alimentos poco procesados, como verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas, junto con fuentes adecuadas de proteínas; revisar individualmente posibles déficits antes de suplementar; mantener el ejercicio adaptado a cada persona y cuidar el sueño, la exposición solar prudente, el peso corporal y los hábitos relacionados con el tabaco y el alcohol.

«Más calcio no siempre es mejor», recuerda. Los suplementos no deben plantearse como una simple colección de nutrientes, sino que su necesidad y dosis dependen de la alimentación, las analíticas, la edad, la medicación y la situación clínica. La suplementación debe individualizarse, teniendo en cuenta también la función renal y el riesgo de fractura.

La Acupuntura puede utilizarse como terapia complementaria para aspectos que pueden acompañar al envejecimiento, como el dolor musculoesquelético, la tensión, el bienestar general o determinados problemas funcionales. Trilla establece un límite claro, especialmente cuando existe un diagnóstico de osteoporosis. «La Acupuntura no debe presentarse como un tratamiento capaz de reconstruir por sí sola el hueso perdido o sustituir la suplementación, el ejercicio y el estilo de vida adecuados», concluye.