• Las dietas ricas en estos productos se relacionan con alteraciones vasculares y metabólicas que pueden afectar a la función eréctil, además de favorecer el aumento de grasa visceral y las alteraciones hormonales.
  • “El mismo proceso que lleva a un infarto puede, años antes, manifestarse como disfunción eréctil”, explica el doctor François Peinado.

Madrid, 30 de octubre de 2026.-La alimentación no solo influye en la salud cardiovascular y metabólica, sino también en la salud sexual masculina. El consumo habitual de alimentos ultraprocesados se asocia a inflamación crónica de bajo grado, estrés oxidativo y disfunción endotelial, alteraciones que pueden comprometer los mecanismos vasculares de los que depende la erección.

El doctor François Peinado, cirujano urólogo especialista en cirugía reconstructiva de pene, enfermedad de Peyronie y medicina sexual, explica que la erección es, esencialmente, un fenómeno vascular: depende de la capacidad de las arterias peneanas para dilatarse y permitir el flujo sanguíneo. Cualquier factor que dañe el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos, puede afectar a este mecanismo. “La disfunción eréctil no debe considerarse únicamente un problema sexual”, señala.

Los ultraprocesados son productos industriales diseñados para resultar muy atractivos para el paladar, durar mucho tiempo y ser económicamente rentables. Según la clasificación NOVA que agrupa los alimentos según su grado de procesamiento, este grupo incluye refrescos y bebidas azucaradas, snacks, bollería industrial, cereales de desayuno refinados, yogures azucarados y productos lácteos modificados.

Se caracterizan por contener una alta carga de azúcares añadidos, grasas refinadas, sal en exceso y aditivos, como emulsionantes, colorantes y conservantes. Su impacto va más allá del aporte de calorías, ya que pueden alterar mecanismos relacionados con el metabolismo, el control del apetito y la respuesta inflamatoria.

La disfunción eréctil puede anticipar una enfermedad vascular

La relación entre alimentación y función eréctil tiene una especial relevancia clínica. Los problemas de erección pueden ser una manifestación precoz de enfermedad vascular y, en muchos casos, aparecer años antes de un infarto de miocardio o un ictus. “El mismo proceso que lleva a un infarto puede, años antes, manifestarse como disfunción eréctil”, subraya el doctor Peinado.

El experto señala que muchos pacientes que acuden a consulta por problemas de erección presentan alteraciones metabólicas subyacentes, como resistencia a la insulina, hipertrigliceridemia, aumento del perímetro abdominal o hipertensión arterial. Estos factores están estrechamente relacionados con dietas ricas en ultraprocesados.

El impacto también alcanza al equilibrio hormonal. El consumo crónico de estos alimentos favorece el aumento de grasa visceral, que actúa como un órgano endocrino y aumenta la actividad de la aromatasa, la enzima que convierte testosterona en estrógenos. El descenso de testosterona puede traducirse en disminución del deseo sexual, fatiga, pérdida de masa muscular y empeoramiento de la función eréctil.

A ello se suma el posible efecto de ciertos disruptores endocrinos presentes en envases plásticos o aditivos, que podrían interferir con la función hormonal. El doctor precisa en su blog que este campo todavía está en desarrollo.

La alimentación como parte del abordaje de la salud sexual

Los patrones dietéticos basados en alimentos frescos y mínimamente procesados, como la dieta mediterránea, se asocian a una mejora de la función endotelial, una reducción de la inflamación, un mejor control metabólico y una potencial mejora de la función eréctil.

El doctor Peinado considera que esta relación ofrece una oportunidad clínica que no siempre se aprovecha lo suficiente. Muchos pacientes buscan una solución farmacológica cuando el problema de base es metabólico y dietético. “No se trata de sustituir los tratamientos, sino de integrarlos en una visión más amplia”, afirma.

El entorno socioeconómico también influye. La abundancia, accesibilidad y bajo precio de los ultraprocesados convierten su consumo en un problema que va más allá de la elección individual. Las poblaciones con menor acceso a alimentos frescos tienen mayor riesgo de enfermedad metabólica y, por extensión, de disfunción eréctil y déficit androgénico.

Por ello, reducir el consumo de ultraprocesados tiene implicaciones para la salud vascular, el equilibrio hormonal y la función sexual masculina. “La nutrición es, probablemente, una de las herramientas terapéuticas más potentes que tenemos, aunque no siempre la utilicemos con la misma intensidad que un fármaco”, concluye el doctor Peinado.