Encontrar sangre al limpiarse o en el inodoro suele asociarse de inmediato con las hemorroides. Aunque esta es una causa frecuente, no es la única. Las fisuras anales, la inflamación intestinal, los pólipos y el cáncer colorrectal también pueden provocar sangrado, por lo que asumir el diagnóstico sin una valoración puede retrasar la identificación de su origen.

El doctor Alfredo Alonso Poza, jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario del Sureste y cirujano en el Hospital Ruber Juan Bravo, insiste en que la edad no basta para restar importancia al síntoma. «La mayoría de los episodios de sangrado rectal se deben a problemas benignos, pero eso no permite dar por hecho que sean hemorroides. Primero hay que escuchar al paciente, conocer sus antecedentes y explorar la zona para localizar la causa», subraya. 

Hemorroides y fisuras no sangran igual

Las hemorroides internas suelen producir sangre roja brillante, a menudo sin dolor, visible en el papel, sobre las heces o en el inodoro. Pueden acompañarse de picor, sensación de bulto, mucosidad o prolapso. Las hemorroides externas, en cambio, pueden doler de forma intensa cuando se trombosan y, si la piel se erosiona, también pueden sangrar.

Mientras que la fisura anal es una pequeña herida en el canal anal. Su pista más característica es un dolor agudo, como un corte, durante la evacuación, que puede prolongarse después. También puede aparecer una pequeña cantidad de sangre roja brillante y suele existir una relación con el estreñimiento, el esfuerzo o el paso de heces duras.

Estas diferencias orientan, pero no sustituyen el diagnóstico. El aspecto de la sangre, la presencia o no de dolor y el momento en que aparece ayudan a dirigir la evaluación, pero varios problemas pueden coexistir y presentar síntomas parecidos.

«Que una persona tenga hemorroides conocidas no significa que todo sangrado posterior proceda de ellas. Si el episodio cambia, se repite o no encaja con el cuadro habitual, hay que volver a estudiarlo», afirma el cirujano.

Las señales que requieren una exploración

El sangrado persistente o recurrente, la sangre mezclada con las heces, un cambio mantenido del ritmo intestinal, dolor abdominal, pérdida de peso no buscada, cansancio o anemia deben llevar a una valoración médica. Asimismo, merecen especial atención los antecedentes personales o familiares de cáncer colorrectal, pólipos, enfermedad inflamatoria intestinal o síndromes hereditarios. Si el sangrado es abundante, aparece mareo o desmayo, o las heces son negras y alquitranadas, se necesita atención urgente.

La evaluación comienza con la historia clínica y la exploración. Según el caso, puede incluir inspección de la zona, tacto rectal y anoscopia. También es importante hacer un colonoscopia para tener un diagnóstico certero.

 

El aumento del cáncer colorrectal en jóvenes cambia la conversación

La incidencia del cáncer colorrectal de aparición temprana ha aumentado en numerosos países. Este cambio no significa que el cáncer sea la causa más probable de un sangrado en una persona joven, pero sí obliga a evitar que la edad se utilice como único argumento para descartarlo. El sangrado rectal, el dolor abdominal, la diarrea persistente y la anemia por falta de hierro figuran entre las señales descritas con mayor frecuencia antes del diagnóstico en adultos jóvenes.

«El mensaje no es alarmar, sino consultar. Ver sangre una vez puede tener una explicación sencilla, pero si se repite, persiste o aparece junto a otros síntomas, necesita una valoración. Diagnosticar pronto una fisura o unas hemorroides permite tratarlas bien; y, cuando existe otra enfermedad, evita perder un tiempo valioso», concluye el doctor Alonso Poza.